Serie: El Tercer espacio

Estamos definidos por nuestro nombre, acotados por nuestro carnet de identidad o pasaporte, clasificados por el número de la seguridad social y tarjeta bancaria, marcados por el número de teléfono. Nos distingue el color de piel, nos diferencia las creencias, ideas políticas. Nos concreta nuestra carrera profesional. Estamos separados de todo y de todos en forma aislada, separada y etiquetada. Nos fronterizan.

Frontera como…

…muro para testimoniar lo ajeno y extraño, rechazo de la diferencia y negación de la diversidad. Se abre y se cierra, discrimina, politiza, moraliza y sacraliza.

…límite entre lo interno y externo. Puerta como dicotomía de lo que separa lo de dentro, y lo de fuera. Umbral, dintel o jamba que soporta la arquitectura universal como obstáculo que da acceso a otro escenario.

…línea divisoria: dentro/fuera, interior/exterior, centro/periferia como organización del espacio, como frontera sin transición. Estamos aislados por muros objetivos, pero también simbólicos, mucho más difíciles de penetrar o derribar.

…cuerpo como superficie concreta que nos hace experimentar el mundo desde el yo y el nos.  Evidencia y recuerda que necesitamos del Otro hasta para definirnos.

En definitiva, la categoría de frontera exige una relación de oposición de dos unidades diferentes, en la que una es indispensable de la otra. Y solo tienen un punto de encuentro, un punto tangencial común posible para la diversidad, que construye un tercer espacio, una sociedad-frontera con una nueva identidad emergente. Un mestizaje, o contaminación cultural que da lugar a un universo fértil, ambiguo y original pero comprensible por las dos partes. Este tercer espacio es un lugar de interculturalidad/transculturalidad dando lugar a una hibridación que a través de los contactos e intercambios genera identidades de frontera: heterogeneidad en la raia.